jueves, 31 de diciembre de 2015

Cerrando Etapas…

Análisis personal sobre lo presenciado y vivido durante el ejercicio 2015

He aquí las caras de un mismo año:

Cara A y E, de Aborrecible y Execrable.

»Llegamos al final de este turbulento  2015 que muchos quisiéramos borrar de la memoria y dejar atrás como algo anecdótico y del pasado. La crisis, la falta de trabajo, la impotencia al no poder hacer frente a la hipoteca; la incapacidad de erradicar el maltrato físico a los animales, las personas, las plantas y el resto de objetos cuya utilidad está pensada para el disfrute de la ciudadanía; afligidos y dolidos por las barbaries cometidas por quienes amparándose en absurdas excusas como el defender unos derechos minimizando los de las demás personas hasta el punto de importarles un carajo si acaban con la vida de cientos, miles o millones, por el hecho de haber sido adoctrinados para que entiendan que lo hacen por una noble causa… Y, llegando a este lamentable punto, decir que, por mucho que nos desagrade: ya está escrito en el libro de nuestra Vida y, que; por desgracia, no podemos arrancar la hoja y hacer una pelota con ella. Y, aunque todas las personas salimos más o menos golpeadas, no debemos dejar que eso nos haga bajar la guardia y abandonar la lucha por nuestros sueños e ideales. Tampoco debemos dejar que afecte nuestro carácter convirtiéndonos en seres negativos y agresivos, por el hecho de que podríamos llegar incluso a deteriorar la relación con los familiares, los amigos y la ciudadanía. Tenemos que aprender a descubrir lo positivo, a entender que todo en la Vida tiene una razón de ser y que aun aquello que lastima sirve para fortalecernos. A veces, una perdida material nos ayuda a descubrir que a nuestro lado siempre tuvimos familia, amigos, compañeros y personas que nunca valoramos por el hecho de estar condicionados por el motivo que fuere: y sin tener en cuenta que: «En el fondo son las relaciones con las personas las que dan sentido a la vida», tal y como acertadamente dejó escrito el filósofo, lingüista, escritor y político alemán Karl Wilhelm Von Humbolt (1767-1835).

Te propongo que, en el año que comienza, intentaremos escribir en una hoja nueva tratando de evitar que se repitan los viejos errores relacionando que las personas que tenemos a nuestro lado son el mejor regalo que Dios nos dio, y  es por ello, que te invito a reflexionar y que la intentemos convertir en realidad  el mensaje implícito que alberga el interlineado de la célebre frase «Año Nuevo, vida nueva» y, de paso, aprovechar este escrito para decirte que seré tu regalo y que anhelo que tú seas el mío y que ni siquiera tendrás que estar de acuerdo con mis palabras ni con mi actitud y que en el caso de que sientas necesidad de rebatir cualquiera de las dos opciones, bastará con hacerlo a través del diálogo y el respeto; ya que, además de ser lo correcto: es el único camino que  podrá conducirnos a buen puerto.

¡Te deseo que disfrutes de un Lindo, Feliz y Próspero Año!


Cara B, C y P, de Bondadoso, Cómodo y Placentero.

A pesar de no entender el comportamiento de algunas personas, con respecto a la afición y/o necesidad que tengo compartir aquellas situaciones que me llaman la atención y que, independientemente de que estas me satisfagan, disgusten o preocupen, lo expreso desde el máximo respeto: por el hecho de entender que así es como se tiene que obrar si queremos que los demás puedan tenernos en consideración… y, sin otra pretensión que la de informar, decir que:

Desde el día 11 de enero hasta el 7 de diciembre de 2015, el blog donde está alojada, Vidas Truncadas, ha sido visitado en 5678 ocasiones y, como consecuencia de ello, además de que las personas que lo han ido leyendo capítulo a capítulo y episodio a episodio han dejado constancia de su paso por allí a través de los 3160 +, que equivalen al «Me gusta» de Facebook, tengo constancia de que la novela ha sido descargada 1.113 veces. Y, desde el día 11 de febrero hasta la misma fecha que la anterior, el blog donde se exhibe Atrapados en la red, ha sido visitado en 3452 ocasiones: arrojando un resultado positivo de 1478 + y 948 descargas y en el de Así soy, veo, vivo, pienso, siento y escribo desde el día 21 de noviembre hasta el 10 de diciembre ha recibido 961 visitas, 87+. Y, como consecuencia de ello, me siento con fuerzas suficientes para continuar en mi andadura sin permitir que nada ni nadie ajeno a mi voluntad intente obstaculizar el camino que he de recorrer hasta alcanzar el objetivo, que de manera voluntaria, me he fijado y, al cual: me voy a dedicar en cuerpo y alma durante todo el tiempo libre que mis quehaceres y responsabilidades cotidianas me permitan por el hecho de que: es tanta la satisfacción que recibo al escribir como el hecho de saberme leído que me siento pletórico al entender que algo así no hay cantidad económica que lo iguale y, aunque pueda resultar increíble o parezca una estupidez el hecho de decir que no escribo por dinero, sino por suplir la necesidad que tengo de hacerlo y quién/es lo quiera/n entender que lo haga/n y quién/es no, pues, lo mismo: ya que es así de sencillo.




domingo, 27 de diciembre de 2015

Basado en hechos reales.

Tras la lectura de algunos episodios de Vidas Truncadas, he aquí el contraste de los puntos de vista que se producen entre unos lectores y otros.

26 de diciembre de 2015, en el grupo La ciudadanía de Miranda de Ebro opina, aprende y comparte:

   —Lo que te decía ayer... infumable —apuntó A.

El día anterior calificaba de absurdo, entre otras cosas, que los personajes hablasen vulgarmente; ya que, no era necesario hacer sufrir tanto al lector y era suficiente con hacer una breve descripción —No muestro el comentario tal y como lo manifestó porque no sé el porqué no he sido capaz de localizarlo en el grupo y, en vista de que desconozco el motivo, no puedo afirmar que ha sido eliminado.

   —«No sé que sería del grupo y de mí sin ti». Gracias por seguir leyéndome.

   »Dame una buena razón y si resulta convincente podría incluso plantearme dejar de escribir en y para el público.

   —No seré yo quien rompa la meteórica carrera literaria del Bukowsky placentino.

   —A, déjate de excusas baratas y da alguna razón por la que entiendas que es mejor que deje de escribir; que ya son muchos días los que lleváis en vano intentando desacreditarme y para el público resulta tan absurda la respuesta como imaginar que lo haces por decoro o recato...

   —Jamás te he dicho ni te diré que no escribas, no tengo derecho alguno a pedirte algo así. Únicamente expreso mi opinión libremente.

   »¿Necesitas la aprobación de los demás para escribir algo?

   —¿Infumable por qué?

   —Francisco Izquierdo. A mi no me metas en tu mierda —escupió B—. Tu estilo de literatura es vago, lleno de un lenguaje que pretende ser culto, pero que por abuso no llega a ser mas que el reflejo de una personalidad pedante y venida a mas. Me suscribo a Ivan; nadie te dice que no escribas. Pero si vas publicando mientras te idolatras a ti mismo te expones a la opinion del resto.

   »Se me olvidaba decir que tu prosa es demasiado pasiva; no alcanza a ser un reto para el lector o a motivar algun tipo de reflexion existencial que haga que leerte merezca la pena. Te gusta hablar de entrelineados y demas, pero lo cierto es que no te da para dejar nada entre lineas; te excedes en el detalle y pecas de ser demasiado obvio.

   —Tranquilo Paco —aconsejó A—, no te agobies. A muchos grandes del arte universal únicamente les llegó el reconocimiento mundial post mortem. Quién sabe, igual si la palmas...

   —Esta mierda igual se estudia en todas las universidades dentro de cien años.


Es evidente que, además del menoscabo, la ira y el resquemor que va implícito en el interlineado de sus comentarios, ambos hablan desde el desconocimiento total, con respecto al subgénero literario al que pertenece esta novela: que no es otro que el de Retrato Social.

En el Blog donde está expuesta la obra para leerla allí directamente y/o descargársela sin tener que hacer ningún aporte económico los comentarios difieren bastante de los realizados en el grupo de Facebook.

Carlos Porras 7 de noviembre de 2014, 9:17

Me gusta mucho que se escriban los diálogos tal y como hablan los personajes.

Mirta Cristina 9 de marzo de 2015, 6:51

Gracias por dejar que te lea de esta forma tan cómoda!!!

María del Mar M M 4 de mayo de 2015, 9:47

Me encanta la cantidad de sonidos que despliegas en ese trajinar de los días. Me gusta cómo vas desarrollando a los personajes con cariño mostrando su carisma.
Un saludo


Julia C.6 de mayo de 2015, 16:18

Voy retrasada en la lectura, pero disfrutándola de a poquito :)

Yo, que siempre he vivido en la ciudad, me extasio ante la cantidad de árboles y animales que mencionas y que pareces conocer bien. Todo ello ayuda a recrear un ambiente muy concreto que me encanta!!

Un abrazo, Francisco y feliz jueves!!



Julia C.10 de mayo de 2015, 2:51

Qué gran iniciativa e inteligencia la de Antonio, me ha sorprendido! Sin duda ese chaval llegara lejos :)

Muy divertido y entrañable este capítulo, me han gustado mucho sus juegos infantiles. Yo no tengo hermanos, solo hermanas, así que me llaman mucho la atención este tipo de entretenimientos. Gracias por compartir con nosotros.

Un abrazo, que tengas un feliz domingo!!

Bénjamin J.Green 22 de mayo de 2015, 7:32

Me ha gustado mucho este capitulo Francisco, yo hice la mili en madrid, en la policía militar por eso de ser grande y fuerte y la verdad es que disfrute mucho de ese año, no me puedo quejar, salvo que por aquel entonces estábamos amenazados por eta y en capitanía andábamos día y noche con todo el armamento, chaleco anti bala, cascos, una locura total.
Pero entonces era joven y todo parecía diferente.
Un saludo cordial y gracias por el enlace.
Feliz fin de semana.


Bénjamin J.Green23 de mayo de 2015, 0:59

Me ha gustado mucho este capitulo Francisco, lo he leído con gran placer.
La vida empieza a hacer de las suyas, esperemos que sepa llevarlo bien.
Un saludo cordial.


Julia C.25 de mayo de 2015, 16:03

Un capítulo entrañable por la inocencia del niño, por su entusiasmo, y también por la reacción de los padres. Es bonito tratar de conservar la ilusión de un hijo que cree haber hecho una gran proeza, aunque en realidad no sea tal. También me ha gustado mucho la reacción del muchacho al saber que su trofeo de caza servirá para paliar el hambre de otros. Pura generosidad!!

Despacio pero buena letra, sigo leyendo tu novela :)

Un abrazo y feliz martes, Francisco!!


Mila Gomez 4 de junio de 2015, 16:45

Una muy buena narración francisco, continua escribiendo, se te da muy bien. Un abrazo



Es evidente que cada lector se retrata tal cual es, dejando patente en sus comentarios que unos son amantes de la discordia, los otros de la lectura, que ambos reflejan fielmente el nivel cultural alcanzado y el de su comprensión lectora y que, por lo tanto, por lo que a mí respecta: seria absurdo tener en cuenta lo que opinan los unos, sin necesidad de tener que explicar el porqué. Y, aclarado esto, a continuación, les dejo una referencia, con la intención de que se instruyan, a quienes me voy a atrever a calificar, valiéndome de un eufemismo, como personas intolerantes e incívicas: haciéndolo extensible a quienes actúan de igual modo.

Género: Narrativa, subgrupo Retrato Social.

Realismo Social:

La novela social trata de reflejar de modo objetivo la realidad de las personas y situaciones a través de los personajes y sus actos. En este tipo de novelas se narran temas como la dura vida campesina o del trabajo urbano, los problemas de las clases trabajadoras y de la burguesía, la frivolidad de las clases altas... con intención de ofrecer testimonio y servir de estímulo para el cambio social, pues la literatura se concibe como un arma política.

En este tipo de novelas no interesa el protagonista individual y sus problemas personales, sino que se tiende al protagonismo colectivo; se reduce el argumento y se limitan el tiempo y el espacio.

Respecto a las técnicas narrativas predominan dos líneas:

   —Narración objetiva, con la intención de dar testimonio sin aparente intervención del autor.
   —Realismo crítico, con interés por explicar la realidad para poner al descubierto sus miserias y provocar reacciones.

En esta novela se ha optado por el realismo crítico; el estilo es aparentemente sencillo, con abundancia de diálogos en un lenguaje directo y coloquial. Las descripciones solo pretenden presentar el lugar de la acción y los protagonistas de la misma, y deja que los personajes se caractericen a través de su conducta; está ambientada en una ciudad extremeña  narrada con prosa sencilla 

Narrador: I

El narrador omnisciente es aquel cuyo conocimiento de los hechos es total y absoluto. Sabe lo que piensan y sienten los personajes: sus sentimientos, sensaciones, intenciones, planes…  y  utiliza siempre la 3ª persona.



Estilo: Directo.

«El estilo directo es la forma que usa el narrador para reproducir textualmente las palabras de los personajes. Se usan marcas gráficas como el guion de diálogo, comillas o dos puntos para introducirlas».

Escenario y Escenas: 

«El escenario es el lugar donde se desarrolla una escena o un acontecimiento; dicho de otro modo, el escenario es el marco en el cual se van a mover nuestros personajes. El escenario no se debe de confundir con la escena, que es el conjunto de acciones que se van a desarrollar en él, aunque hay veces que nos referimos al escenario y a la escena por igual. El escenario es una parte vital a la hora de hacer ambientaciones en una historia, ya que nos indica cómo es el mundo en el que se mueven los personajes».


Personajes: Protagonista, antagonistas, secundarios y presenciales. 

sábado, 26 de diciembre de 2015

Actitud y aptitud…

Escrito el día 26 de diciembre de 2015

El comportamiento humano es algo que me ha llamado la atención desde que tengo uso de razón, algo que, tras percatarme y analizarlo, me ha reportado y produce infinidad de emociones y sentimientos desde entonces hasta el día de hoy.

Hace poco se incorporó al grupo que administro en Face una persona que, según él, su apellido le sitúa en tierras de Extremadura, en Logroño su perfil y, sin saber por qué; pero dando por válido que en la vida nada surge porque sí y que todo en esta tiene un porqué… y que, como consecuencia de ello y su forma actuar: intuyo que donde realmente se halla es en Babia.

Imagino que al leer este artículo, aporte, escrito… habrá quien se pregunte en qué me baso para afirmarlo sin tener en cuenta que podría quedar como un estúpido ignorante ante los demás y, del mismo modo, que no se conformaran con lo redactado hasta ahora y de ahí que sienta necesidad de razonar lo expuesto.

El susodicho fue agregado por la esposa de Isidoro, un hombre que al principio me pareció correcto, educado, noble y que con el paso de los días cambió notoriamente su actitud y, por ende, le adjudiqué por sobrenombre del Despechado. Y, aclarado esto, decir que: cada vez que observo que el número de integrantes ha variado, independientemente de que sea positivo o negativo, tengo por costumbre comprobar quien entra o sale. Más que nada, para saber por donde vienen los tiros en caso de observar una actitud impropia, con respecto al propósito y razón de existir este tipo de páginas, entiéndase esto último como Redes Sociales y, desde ayer mismo, como resultado de cumplirse el patrón causa-efecto o acción-reacción: he optado por realizar algunos cambios como el hecho de anotar el nombre de los que se van de manera voluntaria con el fin de no admitirles de nuevo a modo de método preventivo, por entender que sería absurdo correr riesgos innecesarios.
Antes cualquiera podía agregar a sus amigos al grupo, podía subir aportes a su libre albedrío y, por el mismo motivo, a partir de ahora: seré quien autorice o deniegue la entrada de ambos. Y, explicado el asunto, retornamos al tema en cuestión:

Al visitar el perfil de el que dice ser mi paisano, con la intención de saber que muestra y comparte en su perfil, me llamó la atención que solo aparecían tres imágenes, que por cierto dos de ellas están repetidas, posiblemente de manera intencionada; ya que descaradamente le identificaban como militante de Izquierda Unida. Pero no fue eso lo que me extrañó, sino que había sido cambiada por un cuadrado negro la que le identificaba como persona justo el mismo día que había sido agregado por su camarada: aquella actitud me hizo sospechar que podrían haber urdido algún plan y decidí unirme a uno de los grupos donde se supone que participa con la intención de averiguar algo más sobre este «oscuro personaje» y he dicho se supone porque, después de ser admitido, estuve echando un vistazo por encima y la verdad es que no fui capaz de encontrar ningún aporte. Al día siguiente, regresé a su perfil y me dio al ojo que ya no compartía públicamente los grupos, algo que me extrañó por el hecho de intuir que se estaba escondiendo y, la verdad es que, cuando alguien se comporta así en espacios donde lo lógico es compartir con los demás aquello que considere oportuno: no es como muy normal, al menos para las personas que se tienen por coherentes y se hacen valorar.

El notas, da a entender en uno de sus parlamentos que este «escribidor» podría estar interesado en que apareciese como protagonista en uno de mis «bet seller», palabra que me hace suponer que desconoce el significado de esta y/o no sabe que la misma no tiene nada que ver con lo que pretendo y que me voy a abstener de pronunciar: por el hecho de que aparece reflejado en cualquiera de los Blogs y en la Web donde ofrezco lo que hasta ahora tengo escrito y registrado. Y, aclarado esto, por entender que no es necesario ser más explícito, decirle que el papel de personajes absurdos y estúpidos no es precisamente el perfil que me interesa, sino el de un personaje que tras reflexionar y abandonar los malos hábitos termina convirtiéndose en un ejemplo a seguir y, por ende, acaparando el papel de protagonista por entender que el ser noble y cabal es un bien escaso por el medio y por tanto le correspondería por autonomasia.


Espero y deseo que después de leído esto, no sea tan estúpido de intentar convencerme de que ha cambiado porque, además de absurdo, sería perder el tiempo en defender lo indefendible con respecto a tu aptitud; ya que: para ser noble y cabal esto ha de venir en los genes y si no es así, independientemente de que la interpretación del actor o actriz sean o resulten convincentes, la falsedad y la intencionalidad salen a la luz por sí mismas en el interlineado: cuando menos te lo esperas…

Hoy he ido a pescar al Ebro…

Escrito el 27 de julio de 2013

Deambulaba por mi cabeza desde hacía varios días la idea, pero no sería hasta ayer, por la mañana, cuando decidí que hoy, después de desayunar y haber realizado mis obligaciones diarias, me desplazaría hasta el río con la intención de pasar un buen rato.

A penas a doscientos metros apartado de casa y a unos cincuenta de la ciudad, se halla el lugar elegido para pasar la mañana pescando. Se trata de pequeño lago artificial, que recibe las aguas del río a su paso por la ciudad de Miranda de Ebro. Lago que a su vez está bordeado por unos caminos que son frecuentados por los ciudadanos para pasear a cualquier hora del día.

Frente a mí, al otro lado del lago, hay una zona donde abundan las espadañas y los carrizales, a mi izquierda, a unos veinticinco metros, se halla un pequeño puente que sirve para comunicar los caminos y el acceso hasta donde me encuentro. A mi espalda tengo unos frondosos y verdes chopos que me resguardan del sol y que discurren paralelos al río. A la derecha, a unos cincuenta metros se encuentra otro puente que permite el encuentro entre los caminos que conducen hasta el paraje donde se acopla el Bayas al Ebro…

Al llegar, he invitado a los peces a comer, es decir, les he lanzado al agua unas bolitas de masa de pan —lo mismo que utilizaría después como cebo—. Al comenzar a pescar, era tal la calma del aire y el agua que el lago parecía más una imagen, que una realidad.

A través del pabellón auditivo percibí cómo, llegaba el alborozado canturrear de los discordantes pajarillos, desde todas direcciones. Estos parecían estar compitiendo por ver cuál cantaba más alto y mejor, pero, al aguzar los sentidos, era tal la concordancia y precisión que podían ser escuchados todos y cada uno, independientemente de la frecuencia de emisión o proximidad que estos se hallasen con respecto mi ubicación. A menos de un metro de donde estaba sentado, he podido ser testigo, de cómo dos percasoles, de unos diez centímetros de longitud, defendían la zona que utilizan para desovar, cual si fueran dos caballeros de la Edad Media defendiendo el castillo de su Señor y, por ende, cualquier pez o animal extraño que se acercase era atacado ferozmente. Su actitud me ha hecho pensar que no dudarían en atacarme incluso a mí si hubiese sido preciso defender a su descendientes. También he observado que en alguna de las invasiones, incluso se han unido para expulsar a quien osara acercarse hasta ellos y otras, en cambio, no se han reconocido entre ellos y se han atacado con igual o mayor saña: algo que, al mismo tiempo, me ha dejado sorprendido y hecho sonreír.

Me ha llamado la atención la destreza y precisión de las golondrinas que se han estado acercando hasta el lago para ir cogiendo agua, no sé si era para beber, o para ir haciendo el nido, aunque creo que el verano está muy avanzado y posiblemente incluso hayan nacido los polluelos.

Me gusta pescar de orilla, es decir, con veleta y a escasos metros de la orilla, ya que: para mí, es bastante más interesante que pescar a fondo y esperar a que el pez lo haga todo; solo por el hecho de que conlleva estar más atento y, ante cualquier movimiento de esta, pegar un leve tirón para clavar el anzuelo en la comisura de los labios del pez.

A eso de media mañana, me ha picado la primera, pero no he logrado sacarlo del agua; ya que, este me ha roto el sedal y la veleta. No creas que se trata una hipérbole, sencillamente se ha roto el bajo de línea a la altura del anzuelo. Se trataba de una carpa común, la he tenido muy cerca de la orilla y, por lo que he podido ver, por el tamaño y el grosor, esta no pesaría más de un kilo y medio. Un rato después, me ha vuelto a picar otro pez y tampoco lo he podido sacar, en esta ocasión se ha enganchado en una rama y al final se ha soltado, pero este era pequeñito.
Sobre la una más o menos se ha levantado viento y me ha traído un rico y agradable olor a galletas recién hechas, este olor procede del cercano polígono industrial donde se encuentra situada la fábrica de Galletas Coral y, después de haber recibido este apetecible olorcito, ha sido mi estómago el que ha comenzado a dar señales; algo parecido a calor y sensación de vacío y esto es lo que ha determinado el final de la jornada de pesca.

La verdad es que no me importa el no haber sido capaz de pescar nada, ya que eso me ha permitido descubrir cuantas cosas maravillosas hay a nuestro alrededor y, no somos conscientes de que la vida es algo maravilloso, y que tan solo requiere que nos fijemos un poco más en esos pequeños detalles que tan cerca tenemos y, a veces ni siquiera somos conscientes.

Para mí, hoy es un gran día y siento necesidad de compartirlo contigo.


viernes, 25 de diciembre de 2015

Cosas que acontecen en mi ciudad… 16

Marketing y publicidad. Escrito en 2014

Un día cualquiera, acudí a uno de los numerosos centros comerciales que persisten en mi ciudad. No encuentro necesario hacer publicidad ni de estos ni de ninguno de los productos que se ofertan allí. ¡Bien, vayamos al grano!
Al llegar a la zona donde se encontraban los embutidos y derivados lácteos que requieren de refrigeración, ante mí observé una gran variedad de productos similares, el caso es que me dije: « ¡Joder! No sé el porqué tienen que poner tantas cosas iguales y casi al mismo precio». Fue entonces cuando me di cuenta que la diferencia radicaba en la cantidad de producto, es decir, el producto más caro —primeras marcas—,  ofrecía 12 lonchas de queso para fundir, mientras que el más barato —siendo marca y producto nacional—, 30. Es obvio que me decanté por el de mayor cantidad. Y, claro. Fue a partir de ahí cuando mi cabeza, para no variar, me hizo analizar lo acontecido… De camino hacia el hogar fui dando vueltas y más vueltas al asunto: ¿a ver si ahora en vez de pagar más —porque las marcas sean mundialmente conocidas—, no es por la calidad, sino porque tenemos que pagarles la inversión en publicidad?
Pues, bien, cuál no sería mi sorpresa cuando al merendar opté por probar el susodicho y descubrí que no solo era más económico, sino que, además, —sin entrar en conocimientos científicos y nutricionales por el hecho de que los desconozco— su sabor y textura, para mi gusto, superaban con creces al afamado producto.

Por otro lado, por todos es sabido —televisión y demás medios de divulgación—, que alguna multinacional anuncia a bombo y platillo que al comprar sus productos estamos contribuyendo con un céntimo a nobles causas como el cáncer: cuando en realidad ellos han encarecido ese mismo producto más de un 15% en los últimos tiempos, es decir, que por el hecho de emplear la subjetividad para dicha campaña: a lo que realmente estamos contribuyendo es a enriquecer sus propias arcas. ¡Ya está bien! Que algunos carecemos de títulos académicos; pero sabemos de qué va la vida, y, también, de los que ansían el Poder… Esos que cuentan con herramientas tan imprescindibles como las diferencias entre las Escalas Sociales, quienes con su silencio contribuyen a que estos manipuladores consigan la libertad para hacer a su libre albedrío con el mundo lo que les venga en ganas…

jueves, 24 de diciembre de 2015

A quién corresponda… 2

Escrito el día 19 de noviembre de 2015, antes de salir a buscar el pan.

Aprovechando que, además de estar en la Era de la Información, Digital o Informática, me gusta escribir sobre aquellas cosas que, independientemente de que me satisfagan o preocupen, siento necesidad de compartir lo que veo, vivo, siento y pienso; deciros que: hace unos días decidí darme un paseo por la ribera del Ebro y, al situarme en la senda que discurre bajo los árboles que acompañan al río hasta que este abandona la ciudad, a simple vista, observé que el paisaje dejaba claras evidencias de que estamos en otoño. Esa estación que, según dicen, es la que altera o provoca en los seres humanos la necesidad de resolver el cúmulo de sentimientos encontrados a través de la meditación, la reflexión... y que a los más débiles les puede hacer sentir que han caído en el fondo de un pozo del que les resulta imposible salir por el hecho de no estar capacitados para soportar la tristeza que les pueda provocar aquello que puedan oír o presenciar en un tiempo donde: en noviembre, desde la primera hasta la última semana, los días se despiertan tan grises como pausada y relajante resulta detenerse a contemplar la caída de una hoja; las horas trascurren sin prisa, pero sin pausa; los afligidos minutos, se niegan a perecer tras percibir que ellos serán los próximos en extinguirse por el hecho de haber sido mudos testigos del agónico y efímero suspiro que cada uno de los segundos han ido emitiendo según les iba llegando el minuto, la hora, el día, la semana, el mes, la estación, el año, la Era...

Pero, al cabo de un rato, un poco antes de llegar al anfiteatro, no sé si por casualidad o porque pueda ser cierto lo que argumentaron en su día para justificar la creación de este mamotreto, percibí un lamentable y lastimero susurro a mi espalda: «¡Eh! ¡Oiga! ¡Por favor!», me volví y miré hacia donde intuí podrían haber partido el toque de atención. A través de la vista observé que no había nadie y, encogiéndome de hombros, cuando me disponía a continuar con el rumbo prefijado, entreoí el arrullo de una paloma, una de esas que están el lista de espera para ser exterminadas en cuanto se apruebe el presupuesto de control y captura de animales que están catalogados por el Consistorio como plagas, que entre arrullos y revoloteos gritaba como una desquiciada «¡Eh, tú! ¡No te hagas el tonto!», tratando de llamar mi atención.

   —¡¿Me dices a mí?! —consulté haciendo un gesto con la cabeza, con ademán de sorpresa.

   —¡¿A quién va a ser, si no?!

Durante unos segundos me quedé perplejo.

   —¡¿Qué pasa, que además de ciego y sordo, también, eres mundo?!

Negué con reiteración moviendo la cabeza de un lado para otro, a la par que me encogía de hombros.

   —Espero que no te excuses conque no has oído las exclamaciones de estos pobres árboles.

Les miré y, al contemplar el deplorable aspecto que estos presentaban, mientras el que peor aspecto lucía «por favor no permita que otros árboles corran nuestra misma suerte, para nosotros ya es demasiado tarde», me suplicaba, con una entereza incomprensible para mí, sin que le temblase ni siquiera una de sus perennes e incontables hojas. Al escuchar aquello, además de sentir vergüenza ajena por pertenecer a esta irracional especie y ruborizarme por ello, bajé la mirada hacia el suelo.

   —¡Déjate de hostias y de exhibir tu afligimiento, que no se trata de eso y bien lo sabes! —dijo del mismo modo que había comenzado, entre arrullos y gritos, al tiempo que blandía sus azuladas alas para emprender el vuelo que no la guerra.

Un par de segundos después, comprendí lo que encerraba el interlineado de sus últimas palabras «no es hora de afligimientos ni de lamentaciones, sino de ponerse manos a la obra», y, sin saber el porqué, en vez de tomar el camino más corto para retornar a casa, mis pasos me condujeron contra corriente, se decir, río arriba hasta que al llegar a la altura de la rotonda que está junto al Instituto de Educación Secundaria Fray Pedro de Urbina.


miércoles, 23 de diciembre de 2015

Navidades años 70

Vidas Truncadas


Capítulo I 


 11

A pesar de que diciembre comenzó oscuro y lluvioso, no logró hacer mella en la eufórica pandilla. Por un lado, estaban las ansiadas vacaciones escolares; por el otro, podrían paladear los deliciosos manjares, que durante el resto del año estaban vetados por la deplorable situación económica que, por aquella época, afectaba en un gran número de hogares españoles.

Día 22, sentados al rededor del brasero bajo la tenue y trémula luz de los candiles:

   —Habrá que prepará los achiperres pa pedí el aguinardo, ¿no? —propuso Antonio.

   —Sí, eso, y tamién que no se nos olvide escribí la carta —expresó Moreno.

   —¿Ya tenéis pensao que sos vais a pedi este año? —sondeó Rocío.

   —¡Yo, sí! —gritó con los ojos fuera de si por la emoción, Leandro—. Este año me voy a pedí un Scalestri, una bici y los Juegos Reunidos Geypé.

   —Yo, dejaré que me traigan lo que quieran, porque siempre traen las cosas que no escribo                —respondió desalentado, Susi.

   —Bueno, bueno. Ya sabéis que no basta solo con pedir los juguetes, además hay que ser buenos durante todo el año —señaló Lucía.

   —Yo, no pediré na, al final, me traen siempre lo mismo: una carroza con indios, una escopeta pa'cazá osos, leones y elefantes... el chaleco, el sombrero, la insignia de sheriff y dos pistolas            —respondió otro de los allí reunidos.

   —Pos, a mí, el año pasáo, por sé malo, solo me trajón una morcilla patatera… Y menos mal, que mi madre, m'había compráo un balón el día antes, que si no: m'había quedáo sin na —refirió Moreno.

   —¿Y vosotras que sos váis a pedí? —curioseó Antonio, mirando a Rocío y Lucía.

Rocío bajó la mirada y el usual tono de voz.

   —Yo, me pediré algo de ropa... M'ha dicho mi madre que ya soy mu grande pa muñecas.

El rostro de Lucía se irradió sobremanera.

   —A mí, me traerán útiles para el colegio… Mi padre se ha empeñado en que tengo que seguir estudiando.

Día 24, después de comer, a eso de las cuatro, comenzaron a aparecer por el «Cuartel…» y, una vez supervisado lo que cada uno había ido depositando sobre la mesa camilla, Antonio comenzó a organizar los grupos y el reparto de instrumentos.  Cada equipo estaría combinado por seis miembros, una botella de anís, vacía, una pandereta y una zambomba, quedando distribuidos así: Antonio, Rocío, Moreno y tres más, para el acompañamiento; Vicente, Lucía, Leandro y cuatro más; y Pedro, Ana, Susi y el resto de los componentes de la banda. —En Plasencia era costumbre que, los pequeños y adolescentes, durante la tarde-noche del 24 acudiesen a solicitar el aguinaldo. El evento, consistía en recorrer y visitar a los vecinos de la barriada con el fin de obtener unas monedas y algún que otro dulce y, a cambio, los convidados tenían que interpretar, con mayor o menor habilidad, los cánticos navideños tradicionales. En primer lugar se llamaba a la puerta y, al ser esta abierta, comenzaban a cantar: « / Dame el aguinardo, que es lo que te pido…/ una perragorda o un vaso de vino…/ y, sí no me lo das…/ me cago en tu portal /». Ni todas las puertas eran abiertas ni en todas las casas correspondían con el trueque; aunque, por norma general, la mayoría permitía el acceso a la vivienda.

Tras pulsar el timbre un par de veces, la puerta fue abierta hasta atrás. Estupefactos, en silencio, con los ojos al igual que la puerta, permanecieron durante unos segundos, al descubrir que frente a ellos, sobre la mesa camilla descansaban dos o tres bandejas repletas de deliciosos trozos de turrón, blando y duro; coloridas y complacientes porciones de fruta escarchada, mazapanes, polvorones, nevaditos, peladillas y piñones. El tamaño de sus pupilas se multiplicó por tres a la vez que las papilas gustativas comenzaban a segregar saliva. Al fondo, sobre un aparador color caoba, una bandeja con botellas de anís, coñac, ponche, güisqui, vino dulce y otra con una docena de copas que ansiaban ser llenadas y formar parte del evento; a la derecha, la lámpara y el televisor adornados con guirnaldas de mil colores; a la izquierda, sobre el frigorífico, un radiocasete transmitiendo: «/Campana sobre campaaana y sobre campana uuuna… /Belén, campanas de Belén…/ que los ángeles cantan, por ver a Dios nacer/...».

   —Pasad, pasad —dijo con tono afable la dueña de la casa.

   —Hola, buenas tardes. Venimos a por el aguinardo —enunció con cara de niño inocente, Antonio.

   —¡¿Asín, sin más, hijo?! —indicó al tiempo que silenciaba el reproductor musical.

Antonio volvió la mirada hacía sus acompañantes y, después de contar en alto hasta tres, comenzó a rascar, con el mango de la cuchara, el rugoso y áspero lomo de la botella de anís; Rocío le acompañó con la pandereta y Moreno con la zambomba y, unos segundos después, con voz dulce y melódica los pequeños comenzaron a cantar: «/Hacia Belén va una burra, rin, rin, yo me remendaba, yo me remendé, yo me eché un remiendo, yo me lo quité, cargada de chocolaate/ María/ María/ ven acá corriendo, que los chocolatillos se me están cayendo…».

Al terminar su repertorio, tres o cuatro villancicos, los aplausos invadieron el hogar:

   —Muy bien, muy bien —agasajó la señora de más edad, sin dejar de palmear al tiempo que les animaba—. Podéis tomar de las bandejas todo lo que os apetezca, excepto el licor: que yo misma os serviré una copita de anís para todos.

Al rato, tras haber degustado una porción de aquello que les había llamado la atención, después de recibir unas monedas, se despidieron de la familia con efusivas muestras de agradecimiento y, para cuando salió el último al rellano, la puerta de enfrente se abría para otro tanto de lo mismo.

A eso de las nueve, como habían acordado, retornaron la plazuela después de haber estado cantando, comiendo y bebiendo durante más de cuatro horas y, una vez reunidos:

   —¿Qué os parece si ajuntamos las perras y nos lo gastamos mañana? —propuso Antonio.

Los cabecillas dirigieron la mirada hacia su equipo en señal de pregunta:

La conformidad del conjunto se manifestó a través de gestos y palabras.

   —Bien. Pos, siendo asín, ¿quién lo quiere gurdá? —consultó Antonio.

   —Propongo que seas tú —expresó con energía, Rocío.

   —Estoy de acuerdo —dijeron los demás al ser señalados por el dedo índice de esta.

   —¡Vale!, sí asín l'habéis decidio asín s'hará. Bueno, creo que va siendo hora de ir a cená, asín que ¡cada mochuelo a su olivo!

   —Hasta mañana Antonio, que te lo pases bien esta noche —dijeron los demás.

   —Igualmente pa tos vosotros y recordá que mañana nos vemos ónde siempre —dijo tras pasar la puerta del portal y comenzar a subir las escaleras, de tres en tres.

Al llegar a la altura del rellano, tiró del cordón para entrar y, de tan contento como iba, se olvidó de cumplir con el protocolo familiar:

   —¡Hmm!, mama,  esto gúele calimenta.

   —Mejó sabrá, hijo mío —afirmó sin descuidar ni un instante lo que a fuego lento bullía en una enorme y encarnada cazuela.

   —Mire, mama, to lo qu'hemos sacao del aguinardo —manifestó a la par que le mostraba el puñado de monedas.

   —¡¿A to eso habéis tocao, cá uno?! —interrogó extrañada, al ver la cantidad.

   —No, mama… ¡Ojalá!, aquí está lo de tos.

   —Pos, sí, si que sos ha dao bien, sí... ¡Anda!, vete lavando las manos, que enseguía vendrán tú padre y hermanos.

   Al regresar del cuarto de baño, se detuvo junto a la cocina y apartó la cortina.

   —¿L'ayudo en algo, mama?  —consultó.

   —Sí, hijo. Vete poniendo los platos en la mesa, que hoy tendremos que cená en dos o tres tandas.

El placentero aroma que emanaba desde el reducido habitáculo se dispersado por toda la casa. Aquella noche, no habría pavo para cenar como tienen por costumbre los americanos; pero con mucho esmero, se estaban estofando, que no asando, dos espléndidos y titánicos capones que habían sido criados con estimación y desvelo por uno de los vecinos del vecindario. De primer plato, tomarían una substanciosa sopa de pescado; de segundo, una abundante ración de exquisito y jugoso capón; de tercero, en una gran fuente, se repartían el espacio una buena ración de mejillones al vapor, cangrejos y un par de kilos de langostinos:

   —Está to riquísimo, mama —expresó Carmen, al tiempo se rechupaba la punta de los dedos.

Manuela sonrió.

   —¡Gracias, hija!

   —Me tendrá que decí usté dónde está el secreto.

   —Ya hace años que te dije ande reside la esencia de una buena cocinera.

   —Sí, sí que es cierto; pero a usté le queda mucho mejó.
   Manuela puso serio el semblante.

   —En su día, eso que acabas de decí, se lo dije yo a tu agüela.
   —Ya, pero ¿aónde está el secreto?

   —Hay que poné mucho amó en to, hija… y, cuando sea pa la familia: mucho más entoavía.

   —Siempre lo hago tal cual m'enseñó; pero aun así, me gusta más como le queda a usté —especificó con voz afligida.

   —Agüela, tiene razón mi madre —corroboró el pequeño Manolete—, usté guisa muchísimo mejó que ella.

Ante el imprevisto, los allí reunidos comenzaron a reír efusivamente y, mientras que Carmen y Azucena despejaban la mesa, los demás elogiaron a la abuela por lo bien que habían cenado.

Al retornar de la cocina, tanto la hija mayor como la menor lo hicieron portando dos hermosas bandejas repletas de turrón, mazapanes, polvorones, peladillas, piñones... y, un poco después, llegarían las botellas de licor para los adultos y las de refrescos para los menores de edad y comenzaron a reír, cantar y bailar hasta bien entrada la madrugada:  desde el más chico hasta el más grande.

Un rato más tarde, la plazuela amaneció fría y brumosa, sin embargo, no fue ningún obstáculo para reunirse como habían acordado en la tarde-noche anterior y, tras saludarse y comentar como les había ido a unos y a otros, se dirigieron hacia su segunda casa. Una vez allí, mientras que Antonio preparaba el brasero, los demás trataban de ponerse de acuerdo con respecto a cómo invertir el dinero recaudado.

   —Bueno, ¿qué? —consultó al tiempo que se frotaba las manos para entrar en calor.

   —Sí, asín es, Antonio. Solo estamos esperando pa vé si tú estás conforme —dijo Rocío.

   —Por mi parte, ningún problema y, lo que haigais dicho, se compra y ya está  —manifestó antes de que emprendiesen el camino para hacerse con las provisiones.

Se detuvieron al llegar a una de las tres tabernas que había en la barriada, el motivo no era otro que el hecho de que en los ultramarinos, excepto el pan, tenían prohibida la venta de los demás comestibles en días festivos.

   —Hola, buenos días Ramón.  ¡Feliz Navidá! —dijo Antonio.

   —Hola, buenos días chavales, ¿a ónde va el batallón tan de mañana?  —respondió el tabernero con ronca voz.

   —Venimos a gastá lo del aguinardo —informó Antonio, con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.

   —¿Y qué es lo que queréis?

   —¿Tienes patatas fritas?

   —Sí, tengo bolsas grandes y pequeñas.

   —¿Cuánto valen?

   —La bolsa pequeña a quince pesetas, y la grande a treinta y cinco.

   —Pos, dame tres de las chicas.

   —A vé, muchachos. Una grande tienen la misma cantidá que las tres pequeñas juntas, y salen más baratas, ahora que si vosotros queréis: a mí me da igual vendé unas que otras.

   —Entonces, danos una grande, diez bolsas de pipas, quince chicles Bazoka, vente regalines rojos y vente regalines negros.

   —¿Alguna cosa más? —consultó Ramón, al tenerlo dispuesto sobre el mostrador.

   —Sí, danos, tamién, tres botellas de litro de cola, tres de narajada y otras tres de limonada.

Concluido el intercambio de dinero por los artículos solicitados, tras despedirse amablemente del tabernero, retornaron junto al calor del brasero y, una vez allí, entre chistes, conversaciones y algún que otro desacuerdo: pasaron la mañana comiendo y bebiendo aquellas delicias que, aun siendo tan sencillas, para ellos eran exquisitos manjares.

Los días cursaron tan rápidos que sin darse cuenta llegó Nochevieja. La cena de esa noche, por norma general, era más liviana y menos concurrida.  En casa de los Hinojal-Sánchez, de primero tomarían la tradicional sopa de ajos; de segundo, conejo estofado y, para deleite del paladar, un puñado de gambas a la plancha, otro de langostinos, un par de docenas de cangrejos y otras dos, de mejillones al vapor.

Al término de la degustación, los mayores, entre cigarrito va y copita viene, y los pequeños medio dormidos, esperaban a las campanadas para tomar las uvas reunidos en torno a la mesa. Concluido el evento, se abrazaron y besaron: «Feliz Año 1974», gritaron eufóricos. Los adultos brindaron con una copa de cava extremeño, procedente de unas bodegas de Almendralejo, los pequeños con un vaso de refresco y, a continuación, una vez recogidos los enseres y depositarlos sobre la fregadera, salieron a la calle con dirección a la taberna dónde se hallaba disfrazado, con ganas de animar la fiesta, Ramón. El mismo que, micrófono en mano, anunciaba una y otra vez según los clientes iban llegando: «Buenas noches, señores ¡Feliz Año Nuevo!  La primera ronda, va por cuenta de la casa».

Junto a la puerta principal, una máquina gira discos, la cual había sido manipulada por el técnico para que esa noche funcionase sin necesidad de tener que introducir la correspondiente moneda, ambientaba el concurrido local con las típicas canciones de esos días. La madrugada avanzaba como cualquier otro nuevo amanecer, mientras que los allí reunidos no paraban de bailar, reír, saltar, y de felicitarse los unos a los otros, entre apretones de manos, copas y efusivos abrazos, hasta que, a eso de las cinco, comenzaron a retornar hacia sus respectivas casas. Las mujeres, cargadas con los más pequeños; los hombres «bien cargados», pero de de alcohol.  —La taberna se había convertido en el punto de reunión donde todos los vecinos acudían y se sentían tan unidos como una gran familia; pero no solo en fiestas, sino por que allí, además del agradable trato y las facilidades de pago que brindaba a sus parroquianos, se podían adquirir para llevar a casa: raciones de cortezas adobadas, bacalao rebozado, cangrejos cocidos, mejillones picantes con salsa vinagreta, o de jamón y chorizo, estos últimos tanto al corte como por enteros.

Unas horas más tarde, al levantarse, podía verse reflejado en el rostro el desgano y el cansancio que arrastraban desde el más pequeño al más grande.  El día de Año Nuevo, por norma general, se pasaba tranquilamente en casa, en compañía de los más allegados.

Los días, con sus noches y sus fiestas, cursaban a buen ritmo. Ya solo faltaba por llegar la noche y el día más deseado por los más pequeños: el día de Reyes. Ese día y el anterior, tanto los adultos como los chiquillos estaban nerviosos, unos por ver que les habían traído; los otros, al sentir correr por su sangre la felicidad que les embargaba al contemplar como sus hijos eran felices en aquellos años: «tan difíciles económicamente para la mayoría del pueblo español; pero a la vez, tan llenos de sentimientos y valores. En la actualidad, el individualismo está promoviendo que desaparezcan y, de continuar así: no solo desaparecerán las costumbres, sino también el ser humano y todo cuanto nos rodea».

El día 6 de enero, no hizo falta despertar ni al más perezoso de los zagales. La algarabía que estos generaban se podía escuchar en toda la barriada. Gritos y carcajadas se mezclaban con las ansias y el nerviosismo al descubrir que sus «Majestades» no solo habían pasado por casa, sino que, además les habían dejado juguetes. Y, a pesar de que en la mayoría de los casos no se correspondían con lo que en su día hicieron constar en la carta enviada, ni aun así, mermaron la alegría ni el entusiasmo al ir abriendo las cajas que contenían sus regalos. Un rato después, satisfecha la curiosidad, con sumo cuidado, los embalaron para salir a la calle cargados con todos los obsequios.  La plazuela estaba invadida por niños y adultos que iban de acá para allá, unos corriendo, otros pedaleando... Chicos y grandes visitaban a los familiares y, una vez allí, además de enseñar los presentes, recibían algún que otro juguete.

Concluidas las fiestas reanudaban los estudios, quiero decir, regresaban al colegio.

Los primeros días, durante el recreo, además de contar con todo lujo de detalles que les habían traído sus «mágicas majestades», intercambiaban información de cómo habían transcurrido las celebraciones.

Una semana después, tras la tormenta, se fueron adaptando a las tareas escolares. Algunos alumnos se dedicaban en cuerpo y alma a los estudios, eran conscientes de que a través de estos podrían labrarse un próspero futuro; otros, en cambio, su único interés era el juego y la diversión con los compañeros.

martes, 22 de diciembre de 2015

Internet, una buena herramienta sin duda alguna...

Escrito el 5 de mayo de 2013
Qué pena que las personas no participen de oportunidades como esta para hablar libremente de cualquier tema y dar a conocer qué opina de cómo está la situación actual en el mundo. Este por el qué nada hacemos, excepto querer ser los que más y mejores cosas tenemos, simplemente para hacerles ver a los demás lo importantes que somos.
La ostentación al Poder es precisamente lo que ha llevado a este mundo actual. Y pensar que todo ocurrió cuando unos cavernícolas estaban tranquilamente en la vida sin saber que tenían que hacer, excepto que para vivir era necesario comer. Todo comenzó cuando a uno de ellos,  le pasó por la cabeza que la mujer de su vecino la quería para él, y como era menos fuerte se valió de un palo y mató a su amigo… desde entonces no han dejado de inventar armas mortíferas aquellos que codician lo que poseen los demás. Recordemos de donde viene la palabra salario, la primera moneda de cambio utilizada por el hombre fue la sal, por ella incluso se llegó a matar, el poseerla era lo más valioso en aquellos momentos…
Hoy en día es el dinero  es quien parece poder conseguir casi todo, excepto las cosas sencillas, esas no tienen precio ni se pueden comprar, el dinero es el principal culpable de cómo está el mundo. Espero que pronto un kilo de dinero cueste lo mismo que uno de sal. En mi país, esta cuesta unos 19 cts. de euro, quizás para cuando esto ocurra, los poderosos ya contaran posiblemente para entonces con  algún sustituto y nos lo harán pagar bien caro y simplemente pensando en su propio beneficio. Es tan grande el afán por conseguirlo, que no les importa en absoluto que para ello deban morir incluso países enteros de hambre, ahogados en sus propias miserias; sin que por ello, tengan ningún sentimiento de culpabilidad, es más, incluso éstos miserables hacen negocio incluso con las ayudas recibidas desde otros países que las ofrecen de manera solidaria y voluntad propia.
Los que ostentan el Poder viven obsesionados por el dinero sin tener en cuenta que este es como el agua del mar para la sed: que cuanto más se bebe más sed te da. Viven su vida obsesionados, por lo que puedan ganar o perder, ni ellos mismos se valoran, solo viven por y para el dinero. Estoy convencido que, si a alguno de ellos les dieran a elegir o tu vida, o tu dinero, dirían prefiero morir antes ser pobre. Para mí, estas personas no son más que pobres hombres con dinero, ya que en muchos casos, el hecho de tener y disponer de todo no les satisface nada. ¡Qué pena les dará algún día morir sin poder llevarse nada!


Mi afición al futbol…

Escrito el 13 de mayo de 2013



Siendo niño, a una de mis primas le tuvieron que operar de quistes hepáticos, al parecer, según señalaron los médicos, estos debieron ser transmitidos por algún perro; ya que, por aquella época eran solo eso y aún no habían adquirido la consideración de mascotas y ni siquiera se tenía costumbre de vacunarlos y, como consecuencia de aquello, mi padre, que en paz descanse, nunca me permitió tener ni meter un perro en casa. Pero aquella determinación, en lugar de persuadirme, incrementó el deseo de tener uno, y allá por el año 1975, aprovechando que, la Chuli, una de las perras que andaba suelta por el barrio, había parido siete cachorros, a los que enseguida encontramos dueño, de hecho me quedé con uno que era todo negro, a excepción de un rombo en la frente y una tira estrecha que le nacía justo debajo de la nuez y le llegaba hasta las patas delanteras de color blanco.
  
Recuerdo que el mismo día que nació le cortamos un trocito de rabo con una navaja y este fue engullido por una grajilla que estaba criando un amigo mío; a continuación le curamos con mercromina, le pusimos esparadrapo y unos días después el cachorrito estaba como si nada hubiese ocurrido. Le puse por nombre Nelo y era tanto el cariño que sentía por él que sobre todos mis cuadernos y objetos personales, incluido en un balón rezara «Nelo y yo».

Por aquél entonces me gustaba el fútbol y aunque no era forofo de ninguno tenía como favorito al Real Madrid y estaba apuntado en el equipo del colegio. Los sábados solíamos ir a ver o jugar todos los equipos escolares de la ciudad   en el campo de La Isla o donde tocase. Reconozco que nunca fui muy acertado a la hora de jugar y que, tal vez por eso, mi dorsal fuera el número 13… en resumidas cuentas, quiero decir, que acudía todos los sábados con entusiasmo y lo único que hacía era estar preparándome y recogiendo los balones que salían fuera, es decir, que la única ocasión que tenía para chutar con la izquierda era esa o por el hecho de que hubiese faltado alguno de mi equipo. Nelo me acompañaba a todos sitios y quiso la casualidad o el propio Destino que ese día me tocase ejercer de defensa desde el primer minuto. Me hizo tantísima ilusión que no me di cuenta, o no lo recuerdo, de haber atado a mi fiel amigo a uno de los muchos árboles que había en las inmediaciones, mientras jugaba. Ese día lo tengo grabado  como algo reciente, cuando terminamos de jugar, que por cierto, ese día ganamos, al llamarle y no venir, comencé a buscarlo por todos los rincones a la vez que preguntaba desesperado que si lo habían visto y, al dar por hecho que alguien me lo habría quitado, porque él no se iba a ningún sitio sin mí, fue tal la frustración que sentí, que: no sé si fue por ese motivo solo o por la desilusión de que me sentía utilizado; pero el caso es que desde aquél fatídico día, el fútbol dejó de  motivarme. Algo que a día de hoy estoy más que satisfecho y la verdad es que no entiendo, aunque respeto, que se puedan alterar tanto los aficionados. Mirándolo bien, me he librado de muchas disputas innecesarias por algo que genera mucha riqueza, pero para su propio beneficio; ya que, cuando los equipos tienen grandes deudas somos el pueblo los que tenemos que correr con ellas. Bueno así lo veo, puede que no sea del todo así, pero vamos que tampoco me preocupa mucho. Sin embargo, el número 13 no lo considero para nada nefasto, pero esa historia será para otro día…

lunes, 21 de diciembre de 2015

Por mucho que lo maquillen: no voy a comulgar con ruedas de molino…

Escrito el 19 de noviembre de 2015

Tal y como lo planteaba el portavoz del PP en el Pleno celebrado el día 3/11/2015, con respecto a lo del carnet único, decir que:

A simple vista u oído su elocuente proyecto podría convencer hasta al más «zote», pero como dispongo de tiempo libre, me gusta emplearlo en asuntos que considero importantes o productivos y me encanta indagar a través del interlineado en lo que no se dice ni se tiene en cuenta: por el simple hecho de no conformarme con lo que me quieren hacer ver y comulgar… Valla por delante que de política entiendo más bien poco, por no decir nada, que no me gusta añadir números en mis escritos porque, además de considerarlos aburridos, la mayoría de las veces no se ajustan a la realidad y que lo único que hacen es generar ambigüedad, al menos con las personas que como yo, por no saber, no sabemos ni escribir…

Entiendo que la misión del portavoz del PP, en este caso, sea hacernos ver y creer en la parte positiva de lo que supondría el contar con un carnet único que nos permitiese acceder a todos y cada uno de los servicios que ofrece el Ayuntamiento, y que, incluso en un futuro, estos se fueran incrementando por entender la ciudadanía que serían necesarios, y por poner un ejemplo: Crear un Servicio veterinario capaz de cubrir todas las necesidades del censo real de mascotas que cohabitan con nosotros en la ciudad… y así, puestos a suponer, dejarnos llevar hasta donde a cada uno le conducir su propia capacidad mental.

Pero dejémonos de imaginar y ciñámonos a la realidad, sin necesidad salir del Polideportivo Municipal. Y desde aquí lanzarle al portavoz una simple pregunta. ¿Sabes el monto exacto que supone mantener el Servicio durante un año? No me refiero solo a la remuneración salarial, sino a todo lo demás: luz, agua, combustible de vehículos para desplazarse por la ciudad y herramientas de jardinería, productos químicos para tratar las aguas, infraestructuras…

   Y, sin necesidad de realizar ninguna ecuación para demostrar algo que con una «humilde» división o valiéndose de cualquier otra operación matemática básica sería más que suficiente para saber de qué estamos hablando en realidad y no de supuestos… Para hallar el precio exacto de los carnets, y que el Servicio sin necesidad de generar riqueza fuese nada más que autosuficiente, bastaría con dividir los gastos por el número de habitantes para saber a cuantos euros ascendería per cápita. Y como no sé de qué cantidades podríamos estar hablando se me ha ocurrido algo muy sencillo: acudir al patrón del año 2011 para que resulte incluso más favorable para quien propone que la solución está en bajar el precio de los carnets e incrementar la calidad y los servicios.


38.930 habitantes a 100 euros = 3.893.000 €, sin duda una cifra muy importante, pero que no estoy seguro de que alcanzase para lo que está en el interlineado y si lo bajamos a 50, el resultado serían 3.893.000: 2 = 1.946.000 €, una cantidad muy cercana a los 2.000.000 que según tú sería suficiente para que el Servicio dejase de ser deficitario. Entiendo que con esto debería de ser suficiente para ver lo errada que está tu propuesta, y no lo digo porque no cuadren los números, sino porque doy por hecho que: por muchas ventajas que ofrezca ese carnet, no creo que lo solicite el cien por ciento de la ciudadanía. Así es que ¡Déjate de demagogias!, y, de vendernos la moto con el «elocuente» discurso en el que aseguras va a favor de la ciudadanía, pero que el interlineado, es decir, donde se halla la realidad, hace entender a cualquiera que detrás de tus palabras no hay más que una venta de humo, con el fin de beneficiar a un reducido número de personas cuyo status les permitiría pagar incluso 500 o 1000 €, sin que su economía se resintiese lo más mínimo.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Elecciones Generales...





I+D+D = MI...

El P P y el I+D+D = 



El Panorama Político asentado en este momento en España, genera en mí: Incertidumbre, Descrédito y Desinterés.

Intentaré ser todo lo breve que mis limitaciones me permitan, sin necesidad de rebasar el Fuero o extrarradio de la acogedora y afable ciudad donde resido.


Los Anarquistas o la Izquierda radical, esos que dicen defender a capa y espada los derechos de las personas y que, de ganar ellos, el Pueblo gozará del Bienestar Social que a cada uno nos corresponde por estar así aprobado, legislado y contemplado en la Constitución y por Ley de Naturaleza; los mismos predican a viva voz que: hay que acabar con todo aquello que guarde relación con el régimen franquista, es decir, quienes se contradicen con su actitud al no acatar las leyes, al exigir, en vez de sugerir, o lo que es lo mismo: imponer sus ideales de manera autoritaria, sin tener en cuenta que su actuar se exhibe totalmente contradictorio con el contenido expuesto verbalmente… y, como consecuencia de ello, aflora en mí: la Incertidumbre.



Los Libertarios o Izquierda acomodada, esos que, durante la Transición, es decir, coincidiendo con mi inexperiencia política y juventud, fueron capaces de persuadirme hasta el punto de que llegué incluso a ser militante durante siete u ocho años por el hecho de haberme dejado llevar por influencias familiares y la asistencia a los mítines que asistí dejándome embaucar por el desparpajo utilizado por el mejor de todos sus cicerones; el mismo que me voy a abstener de mencionar por sentirme defraudado por creer erróneamente en su causa, discurso y raíces. Los mismos que a viva voz expresan e intentan demostrar que están a favor del Pueblo… y que, sin embargo, su paradójica actitud les deja con el culo al descubierto cuando tratan de convencernos que cuando un Servicio Público es deficitario, lo mejor es privatizarlo… y, como derivación de ello, surge en mí: el Descrédito.



Los Conservadores, Monárquicos o Derecha desmañada, esos cuya pertinacia les obliga a hacernos ver, creer y comulgar con ruedas de molinos, respecto a que si vamos a salir de la Crisis es gracias a la impuesta austeridad y los tijeretazos que «casualmente» por desgracia han revertido directamente sobre las personas más desfavorecidas, es decir, sobre el Pueblo llano. Los mismos que durante cuarenta años se posicionaron al lado del Jefe supremo y defendían con uñas y dientes aquello de que lo primero era satisfacer las necesidades del Generalísimo; lo segundo, la Iglesia; y lo tercero, demostrar que el régimen era capaz de generar paz y riquezas a costa de fomentar el empleo público, construcción de viviendas públicas y de infraestructuras para desarrollar la agricultura, la industria o el crecimiento poblacional, por citar algo de las muchas cosas buenas que según parece, para algunos, han pasado desapercibidas… y, por ende, lo que con el tiempo acabaríamos conociendo como el Bienestar Social de la mayoría de los ciudadanos de por aquel entonces. Los mismos que ahora pretenden hacer todo lo contrario, es decir, en vez de favorecer a los que se presupone deberían representar, posicionarse del lado de los que ostentan el Poder y allanarles el camino para que se hagan con los beneficios y las riendas de los «deficitarios» Servicios Públicos… y eso es lo que provoca en mí: el Desinterés.

En resumidas cuentas, a parte de lo que nos quieran hacer ver, creer o sentir, detrás de la mayoría de las fuerzas políticas: no hay más que ocultos intereses personales, y, me temo; que de seguir así, es decir, si no intentamos cambiar el absurdo porte, boato y errabundo camino que han tomado los políticos: a la ciudadanía no nos quedará otra que la de sufrir las aciagas consecuencias que arrastran las malas gestiones llevadas a cabo a nivel nacional desde al menos los últimos veinte años.

 Así lo veo, vivo, pienso, siento y escribo, el día 23 de noviembre de 2015, en Miranda de Ebro.

P. D.: Pese a todo lo expuesto anteriormente, no me queda otra que acudir hoy a votar para intentar que no resulte elegido el mismo Presidente.