lunes, 7 de diciembre de 2015

Cosas que acontecen en mi ciudad… 12


Pensado y escrito sentado en el deteriorado banco que está en frente de la guardería que está ubicada en la calle del río, el día 13 de agosto de 2014


Caminaba cabizbajo, por el sendero de hormigón que discurre paralelo al río que goza de ser el más caudaloso de toda la Península Ibérica… haciendo cavilaciones sobre su futuro inmediato e incierto, un albañil cincuentón, desgarbado, barrigudo y en desuso… —que sin necesidad de tener que medirle evidenciaban que bien podría superar los 180 centímetros de estatura, y, cuyo volumen corporal, haría pensar a cualquiera que bien podría pasar de las doce arrobas, o sea, más de 138 kilos—, cuando de repente, se vino abajo el plan que se había trazado antes de salir de casa y, tras abandonar la idea de pasear junto a las riberas de su estimado y transitado Ebro, optó por tomar el camino más corto y directo que desde allí conducía hasta la zona donde, cada día, se reúnen entorno a una treintena de  personas, entre participantes y espectadores, para jugar a la petanca; pero a mitad de camino, tras comprobar que aún era temprano y que la concurrencia era escasa, decidió sentarse en un solitario y decrépito banco con la intención de hacer un poco de… algo que afortunadamente para él es de lo  único que anda sobrado: tiempo.

Al dejarse caer sobre el agrietado y desconchado asiento, este soltó un crujido que hizo que el corpulento albañil se agarrara al respaldo con su mano izquierda y con la derecha al negro y metálico  apoyabrazos «Lo que me faltaba ya… ir a sentarme y caer como un chorroborro», pensó mientras la palidez de su rostro se iba transformando de manera pausada.

Tras recobrar la compostura, a través de su fino olfato y oído, percibió una fragancia a frescura y bienestar tan sutil como el susurro que emitía el céfiro que la transportaba. Miró hacia el deteriorado asiento y se compadeció de este «resignación y paciencia amigo: no nos queda otra compañero… estamos en el mismo bando. Así es y está la vida por culpa de esta injusta sociedad, donde, después de habernos sacado el máximo rendimiento nos dejan a la buena suerte, así sin más. Y todo debido a la mala gestión ejercida durante años y legislaturas encubiertas en pos de sus propios beneficios por aquellos que ni siquiera es preciso ni merecen la pena de ser nombrados» —dijo a modo de despedida, antes de partir hasta el destino que se había prefijado antes de hacer un alto en el camino.


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